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Pueblos olvidados: saharauis PDF  | Imprimir |  E-Mail

Igor Barrenetxea Marañón

Por mucho que queramos negarlo, la Historia avanza o se desarrolla favorecida o bien impedida por la voluntad política de aquellos que toman las decisiones.

La reciente noticia de que el Frente Polisario ha rechazado al enviado especial de la ONU para resolver la cuestión, nos retrotrae a los peores marcos de la incapacidad de este organismo internacional de mediar en conflictos; incapacidad que viene dada por la falta de interés en intervenir en la zona, de plantar cara a un Estado que ha sabido ganar tiempo y situarse con firmeza en ese territorio creando, a su vez, un muro que impide las incursiones de la guerrilla polisaria. Marruecos ha demostrado las formas y actitudes propias de un país invasor más que de un país garante de la identidad saharaui.

Volver a repasar las barbaridades cometidas durante el reinado del difunto Hassan II no traería más que polémica, sólo hay que recordar aquella obra de nuestro amigo el rey que tanto impacto causó pero que tan rápidamente ha sido cubierta por las arenas del desierto. Los intereses económicos son más relevantes que la resolución de los conflictos, salvo si estos conflictos traen aparejados elementos económicos, como es el elocuente caso de Irak. Pensemos en otro ejemplo como es Kosovo, un país creado artificialmente de la noche a la mañana, si bien, debido a esa mala conciencia de la Unión Europa de mostrarse incapaz de frenar las tropelías ocurridas durante la guerra yugoslava, se ha querido compensar (gracias a la situación más fácilmente controlable de ese territorio). El intento de Rabat de imponerse por la fuerza militar en la zona no ha sido eficaz aunque el tiempo ha jugado en su favor. La actividad militar del Frente Polisario puso en jaque durante años al ejército marroquí. La ayuda argelina y mauritana ha sido fundamental para la supervivencia de este pueblo, debido a que éste podía operar desde territorio argelino, situándose en este país la mayoría de los campos de refugiados saharauis. Pero la suerte no está con el débil sino con quien se empeña en ser más brutal, como lo es Marruecos, que nunca ha admitido la posibilidad de la retirada. Sin embargo, la desigual lucha entre un Estado organizado y una fuerza paramilitar, que ha de contar con los escasos recursos propios de una población no muy numerosa y del apoyo de terceros países, es más frágil y el tiempo sigue jugando a favor de Marruecos. Si en Kosovo la autonomía no fue posible debido a los enconados odios despertados por la actitud de los serbios, ¿cómo se puede pensar que los saharauis puedan vivir en paz con sus vecinos marroquíes en una igualdad jurídica que se nos antoja imposible, en un país sin las debidas garantías de los derechos humanos?

El ofrecimiento de crear una autonomía en el Sahara es un eufemismo para dejar en manos de Rabat el futuro de este territorio y lo que eso supone para los propios saharauis. Pero los años de guerrilla, de pugna, de violencia, de resistencia a ultranza no han convencido a la ONU todavía para actuar de una manera contundente ni valorar su descrédito. Los intentos de disponer de un referéndum han chocado frontalmente con los deseos de Rabat, que ha dilatado el proceso de forma evidente para asegurarse condiciones favorables, como el carácter decisorio de aquellos marroquíes que viven en el Sahara. La autonomía no es una solución porque no hay posibilidad de convivencia entre los dos pueblos, si bien, la otra opción planteada, la autodeterminación -un derecho reconocido para los pueblos que han vivido procesos de descolonización- no tiene visos de poder desarrollarse en un marco aceptable.

Ahora bien, como el Sahara fue una colonia española que pasó a manos marroquíes tras su abandono, la ambigua situación de esta ocupación ha favorecido sus intereses. El Sahara Occidental no era colonia marroquí, tampoco era un Estado, por lo tanto no era nada y nadie se preocupó de ella. Sin duda la política internacional no ha favorecido, en absoluto, al futuro del territorio. Otros intereses políticos han jugado en su contra. Sin ir más lejos, el portavoz de Departamento de Estado norteamericano expresó de forma clara: "Un Estado saharaui independiente no es una opción realista", sea porque se quiere mantener un equilibrio en la zona, sea porque Marruecos es un gran aliado y un excelente comprador de armas. Así que hay mayor interés de establecer un status quo que satisfaga las ambiciones marroquíes que el de valorar la naturaleza del problema en sí mismo y darle una solución. Pero todas las soluciones pasan por la aquiescencia de la parte fuerte, Marruecos, que ofrece así mismo una autonomía ficticia.

La autonomía sería, entre tanto, el reconocimiento de que el Sahara conforma parte del territorio marroquí sin discusión futura. Obviamente, no es el único caso con el que nos encontramos. Con alguna otra similitud, podemos citar a Chechenia, una de las antiguas repúblicas soviéticas que se declaró de forma unilateral independiente y que acabó siendo invadida y ocupada por las tropas rusas. El modo de actuación, militar y violenta, redujo a cenizas Grozni y no dejaba lugar a dudas de la ilegitimidad de su propósito y así, la actual, por llamarla de alguna manera, autonomía chechena es otra incoherencia con respecto al reconocimiento y el respeto que ostenta Rusia en la ONU. Y aunque como señala Miguel Herrero de Miñón, "el reconocimiento de las identidades minoritarias por parte del Estado ha sido una de las más importantes novedades que la política y el derecho comparado ofrece desde los últimos decenios del siglo XX", no ha sido todo lo coherente, realista y sincero que debería, siendo los países más pobres o marginales los más castigados, los que aún siguen sintiendo esas heridas sangrantes de la realidad mundial donde el derecho de los pueblos a ser viene interpelado por el derecho de algunos países por decidir cómo han de serlo.

Triste reflexión, triste realidad en la que nos encontramos.

* Historiador

Los intentos de disponer de un referéndum han chocado frontalmente con los deseos de Rabat que ha dilatado el proceso de forma evidente

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La autonomía sería el reconocimiento de que Sahara conforma parte del territorio marroquí

    Fuente:  deia.com

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